El Campeonato Nacional de Escoltas de Bandera y Bandas de Guerra celebrado recientemente en el noroeste del país reunió a miles de jóvenes que demostraron impecable disciplina y marcialidad. Los contingentes desfilaron con uniformes relucientes y sincronización precisa ante las autoridades examinadoras, reflejando meses de entrenamiento y dedicación. Sin embargo, mientras las cornetas y tambores marcaban el ritmo, un silencioso contraste tomó protagonismo: los participantes y asistentes no pudieron ignorar que estas impecables demostraciones cívicas se realizaban a escasos metros de avenidas plagadas de baches y carencias en los servicios públicos. Esta contradicción no pasó desapercibida y levantó más de una ceja entre ciudadanos, quienes con algo de ironía resaltaron la distancia entre la pulcritud del certamen y el descuido que sufren las calles de las ciudades sede. En un escenario donde cada paso cuenta y la coordinación parece primar, el mal estado de las vialidades parecía un invitado incómodo, recordándole a las autoridades que la marcialidad no alcanza para tapar el desorden cotidiano en el mantenimiento urbano.