En un episodio que más parece sacado de una ironía macabra que de un simple accidente, 28 postes de concreto de la red eléctrica estatal colapsaron sobre la carretera al Valle de Mexicali. El desplome en domino no solo aplastó un vehículo particular, sino que dejó a comunidades enteras sumidas en la oscuridad, justo en plena ola de calor veraniega. Lo que resulta aún más indignante es el contraste con las gigantescas y aparentemente resistentes estructuras publicitarias privadas que bordean la carretera y permanecieron completamente intactas, desafiando el paso del tiempo y las condiciones climáticas que no lograron derribar ni un solo poste publicitario.
Este suceso pone de manifiesto el grave deterioro de la infraestructura pública, evidenciando el desinterés y falta de mantenimiento tanto de las autoridades como de la paraestatal encargada del tendido eléctrico. Mientras la ciudadanía paga las consecuencias de este abandono con incomodidad, daños materiales y riesgos para su seguridad, la inversión en estructuras de publicidad parece una prioridad mucho más alta. La pregunta queda en el aire: ¿por qué proteger estructuras comerciales y olvidar las instalaciones que sostienen el bienestar y la seguridad de la población?
Este suceso pone de manifiesto el grave deterioro de la infraestructura pública, evidenciando el desinterés y falta de mantenimiento tanto de las autoridades como de la paraestatal encargada del tendido eléctrico. Mientras la ciudadanía paga las consecuencias de este abandono con incomodidad, daños materiales y riesgos para su seguridad, la inversión en estructuras de publicidad parece una prioridad mucho más alta. La pregunta queda en el aire: ¿por qué proteger estructuras comerciales y olvidar las instalaciones que sostienen el bienestar y la seguridad de la población?

