Los tiempos de espera en la garita de Otay para ingresar de Tijuana a San Diego alcanzaron niveles que pocos imaginaban: más de tres horas de fila continua, con autos prácticamente inmovilizados bajo el abrasador sol. Esta situación convirtió la vialidad en un gigantesco estacionamiento al aire libre, donde los conductores tuvieron que ingeniárselas para sobrellevar la situación. Algunos optaron por desayunar sobre los cofre de sus vehículos, mientras que otros improvisaron oficinas móviles y trabajaron en sus laptops con el motor apagado, buscando evitar el desgaste y el gasto de combustible. Incluso surgieron redes comunitarias entre conductores para coordinar pasos y amenizar la espera, demostrando que el ingenio local no conoce límites ante las fallas logísticas del cruce fronterizo. Con estas interminables demoras, la garita de Otay parece más un punto de reunión que una frontera, y la pregunta queda latente: ¿cuándo habrá un verdadero plan para agilizar este paso vital para miles?
Ojo Cartón
Filas eternas en la garita de Otay transforman autos en oficinas y comedores móviles
Las filas en la garita de Otay superaron las tres horas, convirtiendo la espera vehicular en una odisea bajo el sol para los automovilistas que cruzan de Tijuana a San Diego.

