El escenario político en Sinaloa vivió un cambio tan fugaz como inusual cuando Rubén Rocha Moya, gobernador del estado, reasumió su cargo tras un prolongado periodo de ausencia para, apenas un día y medio después, solicitar una nueva licencia indefinida. Este brevísimo intervalo de 33 horas en funciones ha dejado perplejos tanto a los legisladores del Congreso local como a las dirigencias del partido que representa, quienes no esperaban semejante movimiento sin previo aviso.

La situación fue comentada incluso por la presidenta Claudia Sheinbaum, quien lamentó la falta de comunicación anticipada sobre los planes del gobernador. En Sinaloa, donde la estabilidad política ya suele ser tema de debate, esta sucesión rápida en el mando estatal ha generado un conjunto de especulaciones y comentarios sobre la gestión y la transparencia de la administración pública. Tan solo durante un fin de semana, la entidad vivió cómo el poder ejecutivo cambió de manos dos veces, poniendo en relieve las señales de una gobernabilidad vulnerable y quizá algo improvisada.

Más allá del desconcierto, esta inusual licencia exprés invita a cuestionarse sobre las prioridades y el rumbo de una gestión que no logra consolidar estabilidad en su liderazgo, dejando en un limbo político a los sinaloenses que esperan decisiones claras y compromiso efectivo, no movimientos que parecen más producto de una serie de ocurrencias que de una estrategia seria.