La capital de Mexicali se enfrenta a una intensa ola de calor extremo, con temperaturas que superan los 49 grados centígrados, un récord que no solo desafía a sus habitantes sino también a la agenda política local. En este infierno cotidiano, las asambleas políticas al aire libre han tenido que improvisar soluciones para proteger a los asistentes. Bajo lonas frágiles y precarias que apenas brindan sombra, los participantes recurren a los periódicos impresos, no para informarse, sino para usarlos como abanicos caseros que les ayuden a soportar el sofocante ambiente y evitar golpes de calor o desmayos.

Este escenario no solo visibiliza el impacto del clima extremo en la vida pública, sino que también pone en evidencia la falta de infraestructuras adecuadas para eventos comunitarios en condiciones tan adversas. Mientras la política se desenvuelve bajo un sol implacable, la imagen de ciudadanos agitando hojas de papel periódico parece más una escena de supervivencia que un acto democrático. Mexicali, sin duda, sufre el peso de un cambio climático que altera hasta las reuniones políticas, recordándonos que no basta con convocar a la gente, también es necesario cuidar que puedan soportar las circunstancias físicas que los rodean.