Las autoridades anunciaron recientemente la construcción de una mega planta desaladora en Playas de Rosarito, una obra que, según los comunicados oficiales, asegurará el abasto hídrico para la zona costa en los próximos cinco años. Sin embargo, mientras los funcionarios pintan un futuro con mejores condiciones de agua potable, los habitantes de Rosarito continúan enfrentando constantes suspensiones y tandeos en el suministro diario, situación que los obliga a depender de costosas pipas particulares y a llenar tambos para cubrir sus necesidades básicas.

La paradoja entre las promesas futuristas y la realidad cotidiana no pasa desapercibida para los colectivos comunitarios, que han señalado con ironía la desconexión entre los mega proyectos y la ineficacia de la paraestatal responsable para atender problemas visibles y urgentes, como las fugas de agua en avenidas claves que desperdician miles de litros de agua dulce al día. Mientras se espera la llegada de la planta desaladora, los rosaritenses viven en carne propia la falta de soluciones inmediatas y efectivas para un servicio esencial.