La Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) reprogramó el examen presencial de admisión en su sede de Tijuana tras descubrir irregularidades y supuestos casos de suplantación de identidad en la evaluación previa. Aunque se convocó a más de 500 aspirantes, la asistencia fue notoriamente baja, dejando pupitres semivacíos en un proceso que debería ser de máxima prioridad para los jóvenes interesados en ingresar a la institución. Este ausentismo masivo ha generado dudas en el sector educativo local respecto a la efectividad de la comunicación de la convocatoria y las dificultades de traslado que pudieron enfrentar los estudiantes, quienes ya de por sí se ven inmersos en un proceso burocrático cuestionable. Para muchos padres, la experiencia se convirtió en una prueba tan complicada como el propio examen, donde la centralización y rigidez de la logística universitaria acabaron por complicar más de lo necesario un trámite que podría ser más sencillo y cercano para los aspirantes.