El municipio de Tecate se ha consolidado como el principal punto de las tomas clandestinas de combustible en Baja California, concentrando cerca del 90% de los casos detectados en todo el estado. Esta cifra, revelada por informes de las autoridades de seguridad, contrasta notablemente con los discursos oficiales que enfatizan un patrullaje preventivo constante y la activa vigilancia por parte de corporaciones federales en los ductos de hidrocarburos.

Sin embargo, la realidad en las zonas rurales y cerros de Tecate presenta un panorama distinto. Las perforaciones ilegales no solo continúan, sino que parecen proliferar, lo que pone en evidencia fallas significativas en la vigilancia y control de la red de ductos. En medio de esta problemática, la población local observa con una mezcla de frustración e ironía cómo su conocido pueblo mágico ha ganado el poco honroso título de "capital regional del huachicol".

La discrepancia entre las promesas oficiales y la creciente actividad ilícita pone en entredicho la efectividad de las estrategias de seguridad implementadas. Mientras las autoridades aseguran patrullajes y operativos, las tomas clandestinas siguen siendo una constante, lo que invita a cuestionar si las acciones gubernamentales son más declarativas que efectivas o si existen otros factores que facilitan esta creciente problemática.